Mi historia con Mapuches

#identidad_mapuche

 

«Muy joven, siendo estudiante de sociología al que le resultan encantadores los temas de metodología y estadística -gusto que afortunadamente duró poco- fui contratado por el Instituto de Economía para supervisar los datos de una matriz de información recogida por varios encuestadores. El estudio se llevaba a cabo en Bariloche -uno de los centros turísticos más bellos de Argentina- y en localidades circunvecinas que fuesen tierras mapuches antes de que el glorioso ejército argentino los masacraran con fusiles Remington y cañones Krupp enfrentados con mapuches y araucanos semidesnudos, a caballo con lanzas y boleadoras.»

 

Horacio Radetich (Ingeniero White, Argentina, 1947-Ciudad de México, 2017) se graduó en Sociología y Economía por la Universidad Nacional del Sur, Argentina. Doctor en Sociología y Filosofía con especialidad en Sociología de la Educación por la Universidad de Bucarest, Rumania. Profesor del Colegio de Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Impartió clases de Licenciatura y Posgrado en diversas universidades en México. Autor de los libros La sangre y las letras (Oaxaca: Universidad Autónoma Juárez de Oaxaca / CIEFAD, 1997) y Los días que nos tocaron vivir. Notas sobre la educación, la sociología, la política y la economía contemporáneas (México: Universidad Pedagógica Nacional / Editorial Porrúa, 2001). Vinculó su actividad académica con la participación en diversas comisiones de educación en la Delegación Tlalpan, el gobierno de la Ciudad de México, la Asamblea de Representantes de la Ciudad de México, entre otros organismos. Publicó numerosos textos en revistas especializadas, libros colectivos y fue colaborador, como articulista y columnista, en varias revistas y periódicos de circulación nacional.

 
 
 
 
 
 

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Mi trabajo era recorrer la zona en una International de doble tracción conducida por un chofer especialista en brechas, veredas, caminos de tierra sin señalamientos y rutas rurales, un genio el tipo. Con él tuve la posibilidad de conocer gente importante: otros choferes, vaqueros, peones, albañiles migrantes de Chile, trabajadores rurales varios de ellos orgullosamente mapuches, leñadores y guardabosques con los que nos íbamos a pescar truchas y a asarlas a la vera del río o de los lagos. Con los amigos mapuches a los que habitualmente los acercábamos de un punto a otro en la camionetísima que nos prestara YPF compartíamos costillares de cordero y ginebra.

El estudio duró un año y yo volaba muy frecuentemente en Fokkers bimotores de la II Guerra que daban pavor sólo de verlos, entre mi universidad y Bariloche o pueblos con pistas de tierra. A donde llegara, ahí estaba la International y la sonrisa de mi amigo el chofer.

Hice bien mi trabajo, se publicó y poco tiempo después, por razones familiares, regresé a territorio mapuche a un inverosímil punto de la Patagonia en el que había dos casas y un restaurante a la orilla de una ruta: Piedra del Águila. Ahí me presentaron a un principal mapuche con el cual, de inmediato, establecimos una grata y cordial relación, tanto es así que me invitó a visitar

 

 

un lugar, junto a un arroyo y una pequeña cascada en que sus antepasados cortaban obsidiana para hacer navajas, puntas de flechas, raspadores y cuchillos. También tuvimos el honor -en aquella época iba acompañado de una guapa e inteligente candidata a esposa- que se nos invitara a una festividad ritual del Pueblo Mapuche, el Camaruco, y de que se me permitiera, con ciertas restricciones, tomar algunas fotos. Son las que ilustran este homenaje.

En el Camaruco presenciamos la suelta de algunas ovejas de un improvisado corral y la lectura que los chamanes hicieron de su comportamiento para predecir cómo serían los tiempos futuros para los mapuches, el rito de iniciación de dos jovencitos que, en ese momento, pasaron a la condición de hombres y una cabalgata sierra adentro y a todo galope de los varones mapuches en sus bellos potros.

Escribo esto por la causa mapuche que hoy, nuevamente, intenta ser borrada por los gobiernos autoritarios, racistas, fascistas, intolerantes y llenos de miedo por la diferencia, una causa que necesita, como nosotros, la libertad y el respeto. Amo a los mapuches y ahora me siento uno más de ellos. Seamos solidarios con el Pueblo Mapuche y con todos los pueblos originarios que luchan por su identidad.

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